22 de junio de 2009

Expresarte ...





Gritar… Tan fuerte como se te es posible. Que la voz enardecida traduzca la pasión de tu alma. Que ese ruido estridente y eufórico sea el que paradójicamente te acerque a la paz.



Llorar, pero no sufrir. De alegría, de tristeza, de pena, de frustración, de lo que sea, pero desahogarte. Que lo que entró por tus ojos y que te atora, se convierta en agua que te limpie y te restaure y vuelva a salir por el mismo lugar por donde entró.



Recordar, aunque no añorar. Tratar de mantener intactos y cercanos momentos inolvidables, aunque lamentablemente irrepetibles. Al menos recordando te olvidas que eso es así. Abstraerte de tu actualidad, viajar a un lugar remoto, llevarte su tesoro más preciado, quitarle el polvo y observarlo bien. Sólo el olvido podría volver a empolvarlo.



Bailar, pero no sólo moverte. Que la música te invada. No. Que te posea. Que ritmo y actitud sean parte de una misma cosa. Que las letras entren en tus pensamientos, que los sonidos se tomen tu cuerpo, que las melodías controlen tu cuerpo. Que la pasión te salga por los poros, que irradies tu encanto, que contagies tu alegría.



Cantar, pero no tirar palabras que calcen en una melodía. Traspasar la fuerza de tu corazón a la potencia de tu voz. Que salga tu energía, que el mensaje que quieras comunicar llegue a todos los oídos que quieran escucharte. No importa si ese mensaje no fue inventado por ti, en el momento que tú lo transmites, se conveirte en otro diferente, pues tiene una intención diferente a la que le dio el verdadero inventor. Tiene tu pasión, tus ganas de explotar, de expresarte, de ser escuchado...



Viajar, pero no desplazarte sin más. No sólo mirar, sino que observar, contemplar, maravillarte. No sólo escuchar, sino que comprender. Caer en la cuenta que el premio de cualquier viaje no está al final, “se hace camino al andar” y cada paso puede acercarte a un nuevo premio.



Jugar, entendiendo que ese es el verdadero premio y no ganar. Sacar esa alma de niño que pide a gritos, aunque a veces no la escuches, salir. Hay tiempo para todo, menos para ser niño. Reírte, pasarlo bien, compartir con los tuyos o mimetizarte con ellos, volverse uno y hablar el lenguaje del compañerismo, sentirte respaldado por ellos o hacerlos sentir seguros. Sentir como la alegría choca contra tus venas, el aire contra tu cara y el sudor bañando tu piel.



Y amar. Amar hasta convertirte en lo amado, incluso hasta en el mismísimo amor. Poner esa cuota de ti en todo lo que haces, en lo que quieres, en lo que te importa. Eso marca la diferencia entre lo bien hecho y lo perfecto, entre lo bueno y lo maravilloso. Entregarte a ojos cerrados, saltar al vacío sin pensar, con la certeza de que siempre habrá ese alguien que te pueda atrapar, que te de esa palabra necesaria o esa caricia que te sane.








Y si amas… Grítalo! Tan fuerte como se te sea posible…

1 comentario:

  1. todas las flores y aplausos del mundo!
    me encanto amigo!
    sigue escribiendo, me gusto leerte!

    te amo perrooo!!!!

    ResponderEliminar

Flores y Aplausos